lunes, 16 de agosto de 2010

ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA

ANIMAL RACIONAL ENTRE ANIMALES

“Zaratustra respondió: «Yo amo a los hombres.» ¿Por qué, dijo el santo, me marché yo al bosque y a las soledades? ¿No fue acaso porque amaba demasiado a los hombres? Ahora amo a Dios: a los hombres no los amo. El hombre es para mí una cosa demasiado imperfecta. El amor al hombre me mataría.”

Muy adentro del selva de nuestra existencia allá donde la oscuridad abunda en lo profundo de esa entidad inmaterial que llamamos alma, se reúne el hombre con su realidad, se da cuenta que no es más que un animal racional entre animales, tan sordo pero con grandes orejas, que tan sólo escucha lo que él mismo dice, materia, cuerpo lleno de huesos, órganos, tejidos y sistemas, un ente social con vínculos económicos, políticos, con ideales, consciente de sí mismo o quizá no, repleto interrogantes, códigos morales.

“Habéis recorrido el camino que lleva desde el gusano hasta el hombre, y muchas cosas en vosotros continúan siendo gusano. En otro tiempo fuisteis monos, y también ahora es el hombre más mono que cualquier mono”.

Un atleta corriendo una maratón de muchos o pocos años viendo a muchos delante de él y uno que otro perdedor en el asfalto, carrera que inicia en el momento de nacer y que culminará cuando cese la vida un ser atiborrado de sentimientos malos buenos pero al fin sentimientos, creador de pensamientos, con imaginación y memoria, invadido de dudas, atestado de miedos, confundido, aferrado a dogmas y credos; adulador dioses ambiguos que venden en las calles con fines lucrativos, desdeñando sus creencias, adorándose y a la vez sintiéndose compasión, ofreciéndole culto al cuerpo, un cuerpo que sin alma no sería nada, sin darse cuenta que el mismo hombre puede ser el Dios o demonio, su vida paraíso o infierno y que la inmortalidad no se halla en el cuerpo.

“Siniestra es la existencia humana, y carente aún de sentido: un bufón puede convertirse para ella en la fatalidad”.

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